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¡No pierdan el optimismo y cuídense mucho!

Nuestros mejores deseos Katharina Heyer y el equipo de firmm

Delfines y ballenas en el WDR (Radiodifusión de Alemania Occidental)

por firmm Team

los camarógrafos
los camarógrafos

Texto: Alexander Rieger, fotos: firmm

Era un día espléndido a principios de agosto. Llevábamos muchas jornadas disfrutando de un tiempo estupendo. Así uno comienza automáticamente a sonreír de alegría tan pronto como se asoma por la ventana.

Aunque llevaba ya cinco semanas viviendo en el sur de España y mi trabajo diario se estaba convirtiendo poco a poco en rutina, seguía disfrutando de cada momento. El pensamiento constante de dónde estoy, qué hago para firmm y lo extraordinario que es comparado con mi vida en Alemania, me hace feliz. Una consecuencia fascinante para mí fue mi emergente indiferencia con respecto a los horarios de trabajo. Mientras que yo estaba acostumbrado al "concepto clásico" de 5 días laborales semanales en Alemania, los días en Tarifa se fundían unos con otros. Los fines de semana se convirtieron de repente en días laborales, donde a veces incluso se trabajaba hasta las 20:00 h. Pero lo más increíble de todo esto fue que durante todo mi voluntariado esto no me molestó ni lo más mínimo. Más bien lo contrario fue el caso. Una vez que estás en la mar, apreciando a los animales y la alegría de toda la gente que te rodea, te olvidas de casi todo lo demás. Cuando llegaban los días de descanso durante este tiempo maravilloso, me hacían sentir de vacaciones.

Después de varios días de trabajo decidí pasar uno de estos días de descanso en Sevilla con gente que había llegado de Alemania para visitarme. Eran cerca de las 19:00 y nos preparábamos para una acogedora velada con tapas y vino cuando recibí un correo de Katharina.

“Hola Alexander. Nos han contactado solicitando conocer la historia de un voluntario alemán. ¡Y quién mejor que nuestro Alexander! Todo lo demás lo hablamos en persona. Saludos, Katharina.”

Cuando seguí leyendo el correo de Katharina descubrí el correo original del WDR, una cadena alemana de televisión. Christian Dassel y su equipo del programa “Viaje en furgoneta del WDR” estaban justo ahora por España realizando reportajes sobre 15 personas interesantes con alguna ocupación mencionable. Y ahora, tras algunas investigaciones, se han topado con firmm y les gustaría entrevistar a un voluntario. “¿Y se suponía que yo sería este voluntario?” Se me pasó la idea por la cabeza, y en cuestión de segundos decidí sin reflexionarlo más que sonaba a una experiencia emocionante. De forma casi automática y sin pensarlo mucho más, le dije en voz alta y riéndome y a mis invitados:

"¡Eh, voy a salir en la tele!”

Les conté por encima el contenido del correo inesperado de Katharina. El entusiasmo se apoderó de nuestro pequeño grupo. Y un pequeño aplauso no tardó en llegar, aunque yo mismo no había hecho nada para llegar a esta situación en la que me encontraba de repente. Le contesté a Katharina con un corto "Eso suena emocionante. Lo haré." antes de que comenzara la noche originalmente planeada en Sevilla.

A la mañana siguiente descubrí que esta petición iba realmente en serio cuando un correo del equipo de Christian Dassel llegó a mi buzón. "Qué bien que esto saldrá adelante. Nos gustaría venir el 10/08/2019 con nuestro equipo de cámaras y nos gustaría hablar con Alexander por teléfono un poco antes de eso", dijeron. "¿El 10 de agosto?", pasó por mi mente. "¡Eso es dentro de cinco días!". Lo que todavía se sentía increíblemente lejano cuando acepté la oferta, ahora me iba a alcanzar más rápido de lo que me hubiera gustado. Me invadió un primer escepticismo.

“¿Me lo había pensado bien?"

¿Por qué yo y no cualquier otro voluntario? ¿Ya es vinculante o todavía puedo echarme atrás?”. Sin respuestas concretas a estas preguntas empecé a reprimir mis pensamientos sobre el rodaje y me dije a mí mismo que todo saldría bien. Eso me ayudó y disminuyó un poco la presión. Pero incluso la mejor represión mental es de poca ayuda cuando se lucha contra el tiempo. Así que tuve que aceptar la idea de que probablemente pronto me verían en la televisión alemana. "¡Bueno, esto no lo verá nadie!" me dije a mí mismo, mientras intentaba quitarle importancia a la situación.

Como el tiempo se estaba agotando, decidí llamar al equipo de cámaras al día siguiente para los preparativos. Por teléfono me dio la bienvenida la amable, benévola y amigable voz de Bárbara. Me dijo algo sobre el concepto del programa, presentó brevemente al equipo de cámaras y luego, sorprendentemente rápido, me pasó la palabra. Hablamos un poco sobre mí, mi vida en Alemania y mi motivación para hacer un servicio voluntario en firmm en el sur de España. Luego llegamos bastante rápido a la temática de la observación de ballenas y delfines. Cada uno de nosotros contó sus propias experiencias con los animales en años anteriores y la fascinación que duró hasta entonces. Me quedé un poco perplejo por la rapidez con que uno puede sentirse tan cerca de personas que son completos extraños cuando comparten contigo una misma pasión con tanta comprensión e interés. Finalmente llegamos a hablar de las ballenas y delfines en el Estrecho de Gibraltar. Les hablé de las ballenas que probablemente encontraríamos el día del rodaje, cómo se comportan y qué hora del día podría ser adecuada para una excursión juntos. Bárbara me escuchó con entusiasmo, y probablemente todo el resto del equipo también.

"¿Veremos Orcas también?" me preguntó. "Me encantan las Orcas."

Había escuchado esta pregunta innumerables veces en el barco y como a los muchos visitantes antes, le expliqué a Bárbara que las posibilidades de eso no son muy altas. Nadie podía decir exactamente por qué es así. De todos modos, no las habíamos visto durante muchos días. Además, el tiempo de una excursión en barco de dos horas no era suficiente para llegar a la zona donde normalmente esperábamos ver a las Orcas. Así que la probabilidad era mínima. "Pero seguramente veremos muchos otros animales espectaculares", la animé. "No importa a qué hora decidís venir, definitivamente valdrá la pena." Podía sentir como crecía la ilusión de Bárbara. Pero la pregunta que más me interesaba, es decir, cómo iba a transcurrir el día por parte del WDR, quedó sin respuesta para mí en ese momento. Estaba convencido de que debía de haber algún tipo de guión concreto y unas directrices bien estructuradas para todos los involucrados en el rodaje. "En la televisión, todo se planifica siempre con mucha precisión y todo el mundo sabe al cien por cien lo que debe hacer", pensé para mí. Sólo mucho más tarde me di cuenta de que estaba confundiendo el Viaje en furgoneta del WDR con el rodaje de un largometraje. En el curso de la conversación telefónica me di cuenta de que no había un procedimiento definido. Todo debe ser tan auténtico y natural como sea posible. Sin planes, sin reuniones previas, sin ensayos. "Nos gustaría acompañarte simplemente durante tu día normal de trabajo en Tarifa y tener una idea de cómo funciona un voluntariado de este tipo con firmm. El espectador no debe tener la impresión de que lo hemos coordinado todo", dijo Bárbara. "Por eso nos gustaría filmar directamente en nuestro primer encuentro, si te parece bien", añadió, "Podemos hacerlo así", dije, riéndome ligeramente con nerviosismo y emoción. El hecho de que me dijeran que el Viaje en furgoneta del WDR tiene cerca de un millón de espectadores por programa no calmó precisamente mis nervios. Sin embargo, ya no había vuelta atrás. "Genial. Entonces estamos deseando conocerte y pasar el día contigo en Tarifa", dijo Bárbara antes de que ambos colgáramos finalmente. Algo aturdido volví a la oficina de firmm en el puerto y coordiné la llegada del WDR y su participación en la salida en barco de las 12:00 con mis colegas. A pesar de mi ligero nerviosismo por el rodaje inminente, pasé los días previos a la grabación con la habitual tranquilidad española. Sólo cuando llegó el día del rodaje volvió la inquietud.

Es el 10.08.2019. Ha llegado el día

- mi primer rodaje con un equipo de la tele. Tras un breve desayuno y la esperanza de no parecer del todo torpe, me dirigí con el tiempo justo a nuestro lugar de encuentro en el Centro de firmm. Un poco antes de mi llegada, Bárbara me mandó una imagen de la furgoneta del WDR esperándome delante de la oficina de firmm.

la furgoneta del WDR me espera
la furgoneta del WDR me espera

"Ahora va en serio", pensé. Mi nerviosismo, que en ese momento todavía estaba reprimido, aumentó casi explosivamente cuando vi al equipo de televisión alrededor de Christian Dassel unos metros delante de mí. En los pocos metros que quedaban intenté preparar las palabras adecuadas.

"Debes parecer relajado y tranquilo ahora, no te olvides de hablar, sé convincente, no digas tonterías, camina recto, sonríe, mira a la cámara, sé tú mismo",

traté de decirme a mí mismo una y otra vez. Pero cuando llegó el momento de saludarles, todos mis consejos desaparecieron y simplemente afronté el momento con aquellas palabras que me vinieron a la mente. Tal vez no era necesariamente la mejor opción, pero en cualquier caso fue auténtico y nada artificial.

Saludé a Christian y al resto del equipo y comenzamos a charlar. Expliqué qué animales podíamos esperar ver durante la salida. Aparte de hablarle de los Calderones Comunes, la especie que vemos más a menudo, hablé de los Delfines Comunes, Mulares y Listados. Aproximadamente un minuto más tarde ya había terminado el rodaje de la bienvenida. “Tampoco fue tan sofocante y terrible como me lo imaginaba.” pensé para mí. Christian y su equipo eran muy agradables y tras la primera entrevista pudimos conocernos mejor sin cámaras delante. Pero no había mucho tiempo para ello, porque ya eran las 9:45. Hasta la charla informativa que precede las salidas en barco solo faltaban unos 20 minutos. Así que ya estábamos algo atrasados, ya que quedaba mucho que preparar antes de la charla. Cambiarse de ropa, colocar el cableado del micrófono, test de sonido, aparcar la furgoneta del WDR, preparar la carpeta para la charla y por su puesto lo más importante: ir al puerto y colocar las sillas para todos los visitantes.

La charla en sí fue bastante bien, a pesar de la situación inusual debido a los visitantes tan especiales. La rutina que pude adquirir durante innumerables charlas anteriores ayudó a calmar los nervios. Aun así, la presencia del equipo de cámaras no fue algo cotidiano, y también los visitantes notaban que esta salida iba a ser algo extraordinario.

Después de la charla, como de costumbre, tuvimos que apurarnos. Contestar preguntas espontáneas de los visitantes, recoger al mismo tiempo las sillas y volver corriendo a la oficina para esperar la orden de salida de la excursión. Apenas quedó tiempo para las preguntas de Christian y de su equipo.

“Ha llegado el barco. ¡Podéis salir!”

ya nos estaban diciendo cuando acudimos a la oficina del puerto. Como de costumbre procuré informar a todo el mundo en alemán, inglés y español de que la excursión empezaba y que me debían seguir hasta el barco. Una vez llegados ahí, Edeltraud - una compañera con muchísimos años de experiencia en firmm - y yo controlamos los billetes de los pasajeros. Christian intentó mientras hacerme algunas preguntas más, pero no hubo mucho tiempo para ello. Desde el pantalán ya se escuchaba a Katharina insistiendo que todo el mundo debe subir a bordo porque el siguiente barco ya estaba esperando para poder atracar.

Salimos. Con la serenidad habitual abandonamos lentamente, según las normativas, el puerto. Incluso tras muchas salidas anteriores, éste seguía siendo un momento mágico, ya que nunca se podía saber a estas alturas qué animales nos íbamos a encontrar. Todavía abandonando el puerto escuché a Edeltraud desde un lado: “¡Hoy tú te encargas del equipo del WDR, y yo de los pasajeros!” Por suerte, firmm la había mandado al barco conmigo para ayudarme. Y eso fue muy útil. Nada más comenzar, Christian me pidió que me colocara con él en el centro del barco para contestar algunas preguntas. Sentado a pocos centímetros de él y con la cámara apuntándome a la cara volvió la nerviosidad. Aun no sabía qué me iba a preguntar. Pero igual que por la mañana, toda la preocupación fue injustificada. Porque el ambiente relajado y desenfadado de la entrevista me hicieron olvidar la situación y las cámaras.

Hablamos sobre la duración de la salida, las probabilidades de ver animales y otra vez sobre las especies de cetáceos que quizás podríamos ver. La entrevista se compuso de varias tomas cortas, de uno o dos minutos de duración cada una. Christian me recordó que le gustaría tomar varias escenas, que se podrían cortar y unir posteriormentr. “El resultado debe ser una historia bonita y coherente para el espectador” me explicó en un descanso. Mientras observaba el trabajo de Edeltraud de reojo, tuve entre toma y toma la ocasión de charlar con Christian y su equipo con las cámaras apagadas. Fue realmente interesante. Por primera vez supe de los comienzos del Viaje en furgoneta del WDR, los notables esfuerzos que hay detrás y las motivaciones del equipo. Hablamos sobre los días anteriores de rodaje y las situaciones más excitantes que habían vivido hasta el momento. En medio de la conversación fuimos interrumpidos. A estribor habían aparecido los primeros delfines. Nuestro barco ralentizó. “Un gran grupo de Delfines a la derecha del barco” sonó la voz de Katharina por los altavoces. Lo que se les mostró ahora a los visitantes fue indescriptible. Un grupo gigante de Delfines Listados nos acompañaba durante varios minutos a pocos metros de distancia. Los pasajeros corrían al lado derecho del barco para poder observar y fotografiar a los animales. No importaba hacía donde uno mirara, estábamos rodeados de delfines. Incluso había algunas crías a la vista. Se podía sentir la excitación y la emoción de la gente. También Christian y su equipo estaban perplejos.

Vaya, cuántos delfines...
Vaya, cuántos delfines...

“¡Vaya! ¡Qué locura! ¡Cuántos animales a la vez!”

le oí decir una y otra vez. Pero la pregunta de cuántos animales podíamos ver no la pude contestar con seguridad. El rápido movimiento de los delfines saliendo del agua y sumergiéndose otra vez con rapidez hacía casi imposible que los contara. Pero algo estaba claro: Un grupo tan grande no se veía a diario. Fue una gran suerte tener un avistamiento tan exitoso. Todos disfrutaron de ese momento maravilloso. Nos quedamos un rato hasta que decidimos dejar a los delfines atrás para seguir buscando a otras especies de delfines o ballenas. Nuestro barco tomó rumbo hacía la zona de los Calderones Comunes, o al menos adonde los esperábamos encontrar. Christian me siguió a la proa del firmm Vision y juntos empezamos a buscar.

Durante varios minutos no vimos nada, así que volvimos al centro del barco. De repente se notó un gran alboroto. Se escucharon gritos y voces agitados. Le señalicé a Christian que nos íbamos a reunir de nuevo en la proa. En medio de todo este bullicio no fue nada fácil atravesar los grupos de personas que se acumulaban en los estrechos pasillos que llevan a la proa. Pero una vez allí no pude averiguar qué causaba tanto alboroto. Miré arriba hacía el capitán y Katharina intentando conseguir más información sobre qué animales tenían a la vista. De repente escuché el grito de alguien: “¡Orcas! ¡Orcas!”. Desconcertado intenté echar un vistazo al agua a través de la gente.

“¿Orcas? ¿Aquí? ¿Ahora?”

pensé. Parecía poco creíble, ya que estábamos en una zona poco habitual para ver Orcas. Pero finalmente mis ojos pudieron alcanzar la superficie el agua y me quedé alucinado. ¡Era verdad! ¡Habían vuelto! Hacía 14 días que no habíamos visto a las Orcas, y ya casi habíamos perdido la esperanza de volver a verlas. El hecho de que las encontramos en un lugar completamente atípico mientras buscábamos a los Calderones Comunes, fue una sorpresa tremenda para todos.

Christian acudió alterado a mí: “¿Orcas? ¿De verdad son Orcas?” gritó “¿Cuántos son?” No del todo seguro le comuniqué que había escuchado de otro visitante que eran entre tres y cinco. Pero solo un momento más tarde resultó que eran muchísimo más. Katharina contó entre 15 y 18 animales, como me confirmó más tarde. Las Orcas viajaban desde el Mediterráneo hacía el Atlántico y cruzaban casualmente nuestra ruta. Iban varias recién nacidas en el grupo, probablemente habían visto la luz en el Mediterráneo. Seguimos a las Orcas durante unos minutos que parecían horas. Fue uno de estos momentos tremendamente emocionantes. Los animales desprendían una paz, elegancia y serenidad difícil de expresar en palabras.

Fueron momentos de felicidad sin igual para todos a bordo. Durante mis salidas en barco, nunca había vivido algo así, e incluso Katharina me comentó luego lo extraordinario que fue ese encuentro. Se podía ver lo felices y emocionados que habían quedado todos los pasajeros. Edeltraud y yo nos abrazamos. Fue uno de estos momentos grandiosos con los que nadie cuenta. De tanta emoción seguramente le conté cinco veces a Christian qué suerte había tenido de estar a bordo del firmm Vision justo en esta salida. Como turista, que participa en una sola salida, se puede pensar que es algo que pasa a menudo. Pero lo que vimos fue de todo, menos cotidiano. Fue un momento que seguramente quedará grabado en la memoria de todos los participantes.

Aprovechamos el tiempo en la mar al máximo para poder seguir a las Orcas durante tanto tiempo como fuera posible antes de volver al puerto. El trayecto de vuelta duró unos 30 minutos y a pesar de que ya hacía un rato que no podíamos ver a los animales, se reflejaba la felicidad en las caras de los pasajeros. Christian aprovechó el camino de regreso para una corta entrevista con Katharina. Tampoco ella podía ocultar su alegría. Llegados de nuevo al puerto todos respiramos hondo. Christian, su equipo y yo decidimos tomarnos un pequeño descanso para almorzar. Mientras tapeábamos tuvimos ocasión de analizar la salida y conocernos un poco mejor. Yo aprendí sobre la motivación de cada uno de ellos, que les hizo trabajar para la televisión; fue realmente interesante. Bebimos, reímos, disfrutamos de la comida y finalmente nos pusimos en marcha para abordar la última parte de nuestro día de rodaje juntos. Christian quiso entrevistarme de nuevo con calma. Decidimos ir hacía la entrada del puerto, cerca de la estatua del “Sagrado Corazón de Jesús”. Una vez allí nos sentamos en el muro y dejamos que el día llegara a su fin.

Durante la entrevista volví a resumir la salida en barco que acabamos de hacer y describí lo que la hizo tan especial. A continuación, le conté a Christian lo que significaba para mí trabajar como voluntario de firmm, por qué había decidido hacerlo y lo que es más importante: que me aportaba a mí. Especialmente la última pregunta se fue fácil de contestar de forma concreta. Aparte de las emociones sobrecogedoras de tantas salidas en barco, la increíble belleza de las ballenas y delfines del Estrecho de Gibraltar y los bonitos paisajes y la naturaleza, están ahí sobre todo todas las personas tan maravillosas e impresionantes, cuyas vidas pude conocer y la amistad que nos sigue uniendo aún hoy en día.

La grabación había terminado. “Muy bonito. ¡Eso fue todo!” dijo Christian. Me dio las gracias por ese día tan interesante y emocionante y volvió a la furgoneta del WDR. Ahí nos despedimos.

Les doy las gracias tanto a firmm como a todo el equipo del Viaje en furgoneta del WDR por esta oportunidad única y estos recuerdos maravillosos.

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