Una isla de cachalotes

por Brigitte Achatz

Fotos: firmm

El 25 de septiembre iba a ser un día muy especial en la historia del avistamiento de cachalotes en el Estrecho de Gibraltar. Ya en las primeras semanas de septiembre habíamos visto uno o dos cachalotes de vez en cuando, lo que nos hizo sospechar que habían vuelto a la zona. Así que salimos aquel día con un Poniente ligero y nos dirigimos hacía el oeste. Tras unos 45 minutos surgió algo de inquietud; se había descubierto el soplo de un cachalote a las 11:00 a gran distancia. Nos dirigimos lo más rápido posible en esa dirección y al acercarnos, vimos que había todo un grupo de animales en la superficie. Aparte de los cachalotes se podían ver también algunos calderones comunes. No podíamos creer lo que veíamos. Intentamos determinar cuántos animales se habían reunido aquí. Al menos cinco, se dijo primero, luego seis. Eduardo anunció: "No, hay al menos siete". Los otros miembros de la tripulación trataron de concentrarse y averiguar el número real. Al final, todos en el puente estuvieron de acuerdo en que había diez animales. Mientras tanto se me había puesto la piel de gallina. Estábamos intrigados por averiguar qué significaba esa reunión de cachalotes.

Reunión de cachalotes  

Empezaron a llegar también desde todas las direcciones los calderones, acumulándose al rededor de los cachalotes formando un muro. Gonzo, ZackZack, Gorro y Edu estuvieron entre ellos.  Fue un espectáculo increíble. Los cachalotes no hacían mucho, de vez en cuando se podía ver parte de una cabeza sobresaliendo del agua, luego un trozo de aleta caudal y después se unían para formar la así llamada “Formación en Margarita”. Eso lo suelen hacer para proteger a un animal enfermo o herido. Lo circundan, apuntando con la aleta caudal hacia afuera, para poder espantar a un posible atacante si fuese necesario. Pero también existe la posibilidad de que tuviesen a un cachorro entre ellos al que protegían. Los investigadores se refieren a esta formación generalmente como “alineación de defensa”. Pero lo que observamos aquel día nos pareció algo completamente pacífico. Disolvieron la formación temporalmente y aproximadamente  media hora más tarde se volvieron a unir como los pétalos de una margarita. Los calderones a su alrededor también parecían estar bastante relajados y a menudo se les veía haciendo "spyhopping". Para completar la reunión, algunos delfines mulares se habían unido al grupo y pegaron grandes saltos un poco más alejados. Apenas pudimos creer la suerte que estábamos teniendo y contemplábamos como hechizados la escena.

Una pared de calderones Cachalotes y calderones comunes Aleta caudal de cachalote Cabeza de cachalote Formación en margarita Formación en margarita Spyhopping de calderón común 

Al rato vimos a lo lejos a una gran bandada de gaviotas acercándose, probablemente también curiosas por lo que significaba esta enorme acumulación de mamíferos marinos. Seguramente pensaban que el gran número de animales significaba que iría a sobrer algún bocado para ellas. Tras sobrevolar el grupo unas cuantas veces su curiosidad quedó satisfecha, vieron que no había nada comestible para y siguieron su camino. También para nosotros era hora de regresar, las dos horas habían pasado volando.

Los... pájaros van en aumento. 

Estaba claro que en el siguiente viaje volveríamos directamente al mismo lugar donde dejamos a los cachalotes. Y efectivamente los encontramos de nuevo, pero bastante más al oeste. Encontramos a los primeros tres a más o menos una milla del lugar original, todavía acompañados por los calderones comunes. Otra milla más adelante estaban los diez animales que ahora yacían tranquilos uno al lado de otro. Sin ningún alboroto, simplemente alineados en paralelo. Ya no se veían calderones, tal vez estos animales nadaron demasiado rápidos como para que los calderones les pudieran seguir el paso. Los cachalotes se dejaron observar durante un buen rato más, pero después se sumergieron uno tras otro.

Cachalotes... en fila Comienzan... a bucear 

Qué privilegio ver a diez cachalotes sumergirse uno seguido de otro. En la siguiente salida intentamos encontrar a los animales de nuevo, pero la niebla que se levantó nos rompió los esquemas. Sin embargo ese día de avistamientos de cachalotes fue algo muy especial para todos los participantes, algo así se ve muy rara vez en el Estrecho de Gibraltar.

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